Los campesinos son los que
primeros entendieron el sentido práctico y económico del reciclaje. De niño
todos los domingos por la mañana, después de misa, salía con mi abuelo a buscar
botellas y tapas cerca del abasto él que tenía. Cualquiera siempre servía. Mi
abuelo con su pierna chueca no podía meterse por todos lados. En esos casos
siempre iba yo a meterme en cunetas o bajar por pendientes a recoger las
botellas que los borrachos habían dejado la noche anterior. Al llegar al
negocio, todo era lavado para luego ser llenado y vendido con Miche andino.
Hoy, quince años después de eso,
en otra ciudad necesito desesperadamente una botella de miche. Tengo dos días
sin dormir y comiendo muy poco. En el día todo parece estar bien, una que otra
molestia, pero en las noches todo se complica. Solo en mi cuarto me desespero;
me pica el brazo, la espalda, el cuello. Esto es inexplicable.
Ya se acerca la tercera noche y
tengo miedo de que llegue. Por fortuna Gaby, mi amiga del colegio, ha llamado diciendo
que me tiene una botella de miche que me trajo de Boconó. Lo mejor es que
me la trae a la puerta de la casa. Al
recibirla en mis manos todo está muy bien escondido y bien embojotado con periódico y una bolsa negra. En estos casos son las
mejores porque como dice mi abuela “Así
la gente no ve lo que lleva uno ahí dentro”.
Abrir la bolsa me cuesta por los
dos nudos que tiene. Finalmente la saco. Es una botella plástica de litro y
medio. Aún tiene la etiqueta de Kolita
Golden. Agarro el almidón tal como me dijo mi mamá. Vierto en un pote la
mitad de la botella y le coloco dos cucharadas de almidón. Lo mezclo y me
alegro. Ya entiendo el amor de los alcohólicos por el miche. Esto me dará paz y
al fin, esta noche las ronchas que tengo por la lechina no me van a picar.
Entro al baño y me doy una ducha
normal. Al final el miche será la cereza en la punta del helado ¿Y si me arde
mucho? ¿Y si no me hace nada? ¿Y si me da alergia? Me entrego al alcohol a
ahogar esta pena que no me ha dejado dormir. El líquido blancuzco cae por mis
ronchas ¡Coño! Me arden los labios. Menos mal es el único lugar donde esto
pasa.
Listo. Bañado en alcohol.
Cualquier borracho de botiquín me odiaría ahora por haber botado este delicioso
coctel. Me quedo quieto en el baño esperando a que se seque.
Una vez seco y en mi cuarto veo
que estoy todo blanco, como un nené entalcado. Creo que el olor a alcohol me
dejó medio mareado. Me visto. Hoy sí voy a dormir. Por si acaso dejo el
Caladryl y el algodón en la mesita de noche. Me arropo y prendo la televisión y
por fin, me quedo dormido.
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