miércoles, 18 de julio de 2012

El alcohol es la solución



Los campesinos son los que primeros entendieron el sentido práctico y económico del reciclaje. De niño todos los domingos por la mañana, después de misa, salía con mi abuelo a buscar botellas y tapas cerca del abasto él que tenía. Cualquiera siempre servía. Mi abuelo con su pierna chueca no podía meterse por todos lados. En esos casos siempre iba yo a meterme en cunetas o bajar por pendientes a recoger las botellas que los borrachos habían dejado la noche anterior. Al llegar al negocio, todo era lavado para luego ser llenado y vendido con Miche andino.

Hoy, quince años después de eso, en otra ciudad necesito desesperadamente una botella de miche. Tengo dos días sin dormir y comiendo muy poco. En el día todo parece estar bien, una que otra molestia, pero en las noches todo se complica. Solo en mi cuarto me desespero; me pica el brazo, la espalda, el cuello. Esto es inexplicable.

Ya se acerca la tercera noche y tengo miedo de que llegue. Por fortuna Gaby, mi amiga del colegio, ha llamado diciendo que me tiene una botella de miche que me trajo de Boconó. Lo mejor es que me  la trae a la puerta de la casa. Al recibirla en mis manos todo está muy bien escondido y bien embojotado con periódico y una bolsa negra. En estos casos son las mejores porque como dice mi abuela “Así la gente no ve lo que lleva uno ahí dentro”.

Abrir la bolsa me cuesta por los dos nudos que tiene. Finalmente la saco. Es una botella plástica de litro y medio. Aún tiene la etiqueta de Kolita Golden. Agarro el almidón tal como me dijo mi mamá. Vierto en un pote la mitad de la botella y le coloco dos cucharadas de almidón. Lo mezclo y me alegro. Ya entiendo el amor de los alcohólicos por el miche. Esto me dará paz y al fin, esta noche las ronchas que tengo por la lechina no me van a picar.

Entro al baño y me doy una ducha normal. Al final el miche será la cereza en la punta del helado ¿Y si me arde mucho? ¿Y si no me hace nada? ¿Y si me da alergia? Me entrego al alcohol a ahogar esta pena que no me ha dejado dormir. El líquido blancuzco cae por mis ronchas ¡Coño! Me arden los labios. Menos mal es el único lugar donde esto pasa.

Listo. Bañado en alcohol. Cualquier borracho de botiquín me odiaría ahora por haber botado este delicioso coctel. Me quedo quieto en el baño esperando a que se seque.

Una vez seco y en mi cuarto veo que estoy todo blanco, como un nené entalcado. Creo que el olor a alcohol me dejó medio mareado. Me visto. Hoy sí voy a dormir. Por si acaso dejo el Caladryl y el algodón en la mesita de noche. Me arropo y prendo la televisión y por fin, me quedo dormido. 

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