miércoles, 18 de julio de 2012

La vecina

Veinte para las ocho. Debería estar ya en el metro y apenas estoy saliendo de mi casa atapusándome un cambur de desayuno. Tengo que llegar a las ocho a la oficina ¡Me van a botar! -digo desesperado mientras tranco la puerta. Camino al pasillo y escucho que a dos pisos más arriba, en el 6, se cierra la puerta del ascensor. Ya viene en camino. Me calmo y aprieto el botón.


Se abre la puerta y entro mirando al piso para no tropezarme. Hay alguien que me acompaña. Buenos días -digo por decencia pero en vez de la tradicional respuesta obtengo un moqueo. Levanto la mirada y me consigo unos ojos hinchados de llorar. No sé qué hacer. Ella llora a centímetros de mí y no sé qué hacer.


El ascensor baja y se tarda más de lo normal. 3-2. Quiero abrazar a esta desconocida y a la vez quiero llegar a planta baja y salir corriendo. No sé qué le habrá pasado. 1-PB. La dejo salir para al menos ser caballero, me adelanto y abro la puerta. Me siento libre. Atrás quedó ella con sus lágrimas. Tal vez si mañana me la consigo le doy un abrazo.



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